Libre Albedrío
El leer determinado texto o autor nos da ciertamente una perspectiva de su punto de vista respecto a un tema. Sin embargo otra cosa muy distinta es comparar ese marco de referencia con el propio. Es así como el proceso personal de reflexión, descarte o aceptación de las ideas y su posterior incorporación en nuestros registros de valores es un paso que requiere un período de incubación que toma su tiempo. Autores, textos, personajes, papeles y actores van y vienen. Todos tienen algo que decir de si mismos, así como nos dicen algo de nosotros.
Definir lo correcto y lo errado, lo adecuado para con la idiosincrasia propia no es un proceso trivial. Una vida examinada es justamente lo que desde hace siglos nos sugieren filósofos, líderes religiosos y grandes pensadores, pero ¿realmente es posible tener tal actitud ante la vida? Mi respuesta es que si, sin embargo requiere de un esfuerzo legítimo y sincero de la persona a cultivar este don. Somos capaces de grandes cosas, de inventar tanto tecnologías útiles como estrafalarias, sociedades utópicas como muy centradas en la realidad que nos arropa, obras poéticas como propagandas alienantes, amores y odios inundados de pasiones como altruismo y compasión llenos de humildad. Entonces, ¿dónde estamos nosotros? ¿a qué nos impulsa nuestro ser? ¿cuál es nuestra esencia? para responder a estas preguntas podemos aproximarnos mediante dos vías, la de una barcaza a la deriva que es arrastrada por las corrientes de la vida o la de aquellos que examinan su mundo y deciden a donde ir.
Cualquier puerto que se alcance sobre una barca a la deriva está bien, total nos libera de la responsabilidad innata de nuestras acciones, aun cuando disfrutemos o suframos de los resultados de las mismas. ¿Y no es eso lo que busca la publicidad? Un mundo feliz, libre de responsabilidades por nuestras acciones y convertirnos en meros consumidores como los cerdos y las gallinas de una granja de cría. No es ese el fin que persiguen las ideas que proclaman la injusticia de la sociedad debido a las consecuencias de los propios malos actos, liberar de toda responsabilidad sobre lo que se hace y culpar a alguien más. Solamente importa lo más barato, más fácil, que no sea necesario pensar mucho (y si es nada mejor aun), lo más "lindo" y a la moda, lo más.. en fin, lo que nos dicte la corriente de intereses que alguien más pone a la carta para que compremos sus productos, sus ideas y sus gustos, los hagamos propios y complacientes nos esclavicemos a voluntad. Un escenario en el cual unos cuantos convierten a sus semejantes en animales de consumo que juegan "libremente" a ser esclavos de sus designios. Cualquier puerto al que llegue esta barca estará bien, pues si no se tiene a donde ir a cualquier sitio que se llegue estará bien. Tal vez no sea lo que desea la barca, pero no es su culpa pues no es responsable de su destino, eso se lo deja a las corrientes (o a los demás).
Una vida examinada surge de una necesidad del espíritu, normalmente identificada por síntomas como inconformidad, inquietud, aburrimiento de la vida mundana, introspección natural, crítica a la realidad percibida, critica a la vida irreflexiva, necesidad de la toma de control de la propia vida e identidad, pérdida del temor a la muerte, y otros tantos. La dirección a tomar es una decisión individual y se es responsable de cada paso dado, cada error cometido y cada acierto logrado. Aun así, la vida es serena y se acepta de igual modo la pérdida como la ganancia porque no son más que consecuencias de los propios actos. No es una expresión de ausencia de dolor o alegría, de una ecuanimidad sacra, de la ausencia de emociones, sino la expresión sincera de si mismo en cada instante. Desde este punto de vista es necesario poseer una mente despierta que permita darse cuenta que sucede tanto interna como externamente. Internamente, lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace. Externamente lo que se recibe, las reacciones que despierta, lo que sucede alrededor. Examinarse y examinarle.
Una vida examinada, reflexiva y sincera no es fácil. Muchos han comentado de lo esquiva que es la mente, sin embargo estos mismos autores no se conforman con el diagnostico sino que proponen algunas soluciones. Entrenar la mente toma su tiempo pero los beneficios son muchos, ello porque una vez que se sabe en que dirección se desea ir, una mente enfocada quizás es la única garantía que nuestros esfuerzos se encuentran orientados en el mismo sentido. Una mente dormida, irreflexiva, juguetona e inquieta nos lleva de un lado a otro sin que tengamos control sobre nosotros y en ocasiones confunde nuestros objetivos. Existen muchas golosinas para la mente en las cuales se pierde, divaga y en medio de un mar de sueños se divierte. El despertar de esos juegos y divagancias suele ser una sensación de extravío producto de un duro golpe contra la realidad concreta.
Es un trabajo constante reconocer las condiciones que rodean a cada instante, cuales de ellas son generadas por si mismo y cuales son producto del ambiente. Es un trabajo diario el entrenarse para ser despierto, reflexivo y convertirse en el dueño de su propio destino. A fin de cuentas, es un trabajo constante el tener real libre albedrío.

















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