A raíz de algunos acontecimientos de mi pasado lejano y otros de mi presente me he conseguido con el hecho de que en ocasiones algunas personas tienden a copiar o suplantar en algunos ámbitos a mi persona. Entonces surgió en mi una suerte de malestar debido a esto, pues, si yo soy yo, por qué alguien quisiera ser yo, hacerse pasar por mi, imitarme o simplemente copiar eso que constituye mi forma personal.
Tomé entonces un tiempo para analizar que es eso que me causa malestar, tanto de un punto de vista emocional así como desde una perspectiva intelectual, pues ambos son muy importantes para identificar ese algo que me genera molestia. En primer lugar pienso que es precioso ser uno mismo, porque ello constituye nuestra historia personal, como un film donde somos los protagonistas de la historia. A veces un poco aburrida, a veces inquietante, pero siempre edificante. Somos los actores de la mejor historia del mundo, nuestra propia vida, es parte de nuestro sentido de identidad. Sin embargo, ¿qué es real de esa historia? si dado un pequeño paso descubrimos que hemos sido copiados, plajiados o simplemente suplantados. La experiencia de publicar estas notas en un blog me abrió los ojos cuando alguien al otro lado del planeta sin son ni ton copió uno de mis ensayos y de repente obtuvo el reconocimiento de sus conocidos como un inspirado escritor. Es curioso, pues yo sabía de antemano que alguien podía leer mis escritos públicos, pero supuse que los que lo leyeran tendrían el cuidado de respetar mi autoría. Pero a fin de cuentas, ¿es mio? o simplemente al escribirlo dejó de estar en mi esfera de pensamientos y plasmado en un medio digital ya es parte del mundo de las ideas, es libre y crecerá según su propia dinámica y llevará a otros a reflexionar en sintonía a lo que allí expresé.
Ya en mi época de mis estudios de secundaria y universitarios me conseguí con conocidos que impulsados por alguna suerte de compulsión, o tal vez de forma inconsciente, imitaban algunas de las cosas que yo hacía, cómo me vestía, como actuaba, gestos que realizaba, incluso tono de voz o respuestas y actitudes. Tal vez de eso se trate ser parte de una comunidad. Copiarnos unos a los otros, imitar eso que nos agrada de los demás para hacernos ver como sujetos más interesantes de lo que realmente creemos que somos. Así que pensé, pues de quienes me he copiado yo, cuando he querido ser otra persona que no sea yo mismo, que motivos me han llevado en algún momento a tratar de ser o actuar como si fuese alguien más. Definitivamente la madurez tiene mucho que ver en la capacidad de comprender estas cosas, pues de otro modo, por qué preocuparse. Pues si bailamos como las estrellas, si nos vestimos a la moda, si recitamos los versos de otro, simplemente somos parte de eso que copiamos de la sociedad a donde vivimos. Pero, y ¿si nuestro sentido del ser nos impulsa a ser originales? si somos nosotros aquellos que escribimos llenos de inspiración una oda de amor que ha de servir a otro para conquistar el corazón de una dama, si somos nosotros los que embuídos en nuestro sentido de si mismo los que actuamos de una manera acorde a nuestro sentir y pensar, libres de compromisos y prejuicios, cercanos a nuestro Tao, los que vemos que otros comienzan a bailar como nosotros, hablar como nosotros, amar como nosotros, vestir como nosotros, ser como nosotros e intentar ser nosotros.
Una profunda reflexión sobre este asunto deriva en un hecho fundamental, mi sentido de mi mismo es el cómo me veo a mi mismo, y es como un muñeco de barro que forjo día a día en mis manos. Y sin duda ver que alguien intenta hacer su propia figura similar a la mía es frustrante. Cómo sabe esa persona qué me ha llevado a hacer de esta forma, manera o porque mi muñeco de barro tiene estas virtudes y deformidades. A fin de cuentas, ¿para qué quieren copiar algo que no es real? pues cuando despierto y me doy cuenta que esa figura ya no me representa la destruyo de un sólo golpe y soy capaz de hacerla de nuevo, más perfecta, más parecida a mi, igual de vacía pero que al igual que un nombre, sea lo que indica quien soy y cómo soy.
Aquellos que me conocen desde hace algún tiempo han conocido algunos de mis motes o sobre nombres, y ese nombre me representaba bien en aquel entonces. Pero, ¿he cambiado lo que soy al cambiar mi nombre? definitivamente no hay una respuesta contundente. Si, he cambiado, muero todas las noches y renazco cada mañana, amanezco renovado, cambiado y ligeramente diferente. No, no he cambiado, porque en esencia son lo mismo que nació antes de venir a este mundo en el año 1974, soy un proceso de transformación que no ha cambiado sustancialmente, ni cambiará. La diferencia es que hoy se que soy, al menos desde un sentido último se lo que soy. Se que aun cuando alguien diga que es mi persona estoy consciente que solamente yo puedo ser yo.
No me preocupa la clonación, ni en un sentido de que alguien suplante mi identidad (cosa que en redes sociales como facebook ya me sucedió), o se trate de adueñar de mis escritos (a fin de cuentas yo se que escribí cada palabra de lo que está expresado allí), o actúen como yo para impresionar a alguien (semejante tontería de tratar de ser quien no se es), o que tomen mi ADN y aparezca un sujeto genéticamente igual a mi. Ninguno de ellos seré yo, ninguno de ellos será yo, no pueden quitarme mi identidad pues eso solamente lo conozco yo.
Mi sentido de mi mismo es solo una herramienta, en última instancia es como dejo ver lo que soy internamente. Sería un error pensar que soy mi sentido de mi mismo, es una terrible confusión y que nos lleva a la degeneración de nuestro verdadero ser. Somos interno y externo, alma y cuerpo, mente y acción, karma y dharma, bien y mal, inicio y fin, dioses y demonios, somos nihilo y creación, somos universo y partícula, somos todo en un sólo paquete y nuestro sentido de identidad es cómo expresamos esos mundos en nuestra vida cotidiana.
En fin, cada uno de nosotros es original, único, perfecto y como tales, imposibles de copiar aun cuando nuestras expresiones externas si lo sean.